Respondiendo Jesús, le dijo: María, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Lucas 10:41, 42.

¿Es importante nuestra conducta ética para Dios? Por supuesto que sí. ¿Es importante que nos esforcemos por vivir la vida cristiana, a pesar de la oposición del entorno no cristiano y de las presiones para hacer lo malo? Por supuesto. ¿Es importante que cumplamos con nuestras responsabilidades familiares, sociales, laborales? Naturalmente. Pero el Motor verdadero para todo esto, la Fuente de la cual emanan nuestra energía y nuestra inspiración para vivir como cristianos está fuera de nosotros, en Jesucristo el Salvador.

Las dos hermanas de nuestro texto de reflexión representan dos actitudes que suelen tener los seres humanos frente a la vida y, específicamente, muchos creyentes en su vida religiosa.

Muchos creen que, ante todo, lo que Dios espera de ellos es acción, obras, especialmente “buenas obras”. Cumplir con las responsabilidades sociales y religiosas. Además, en nuestra sociedad actual, parece que todo está calculado como para que sientas que si no haces algo no eres “productivo”, pues vivimos en una sociedad neurotizada por la idea de la productividad, del éxito. Somos una sociedad obsesiva-compulsiva, que parece no poder soportar el relax, el descanso, el “ocio productivo” sin sentirse culpable.

Trasladamos esta actitud a la experiencia religiosa y caemos en una especie de “salvación por las obras”: cuanto más productivos seamos en la iglesia, en términos de, por ejemplo, cumplir con todas las actividades propuestas por la iglesia, participar en cuanto programa haya y cumplir con todos los deberes religiosos que otros esperan de nosotros, nos parece que en eso consiste la vida espiritual. Pero, tarde o temprano, nos sentimos vacíos y sin motivación espiritual para servir y ayudar.

Por supuesto, debes cumplir con tus obligaciones, pero no debes pasar por alto esa única cosa “necesaria” que le dará sentido y fuerza a lo que hagas: sentarte cada día a los pies de Jesús para disfrutar su amor y la excelencia de su carácter. Así serás transformado a su semejanza, y el Señor te enseñará a vivir, a amar, y a ser puro y noble.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie






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